lunes, 24 de abril de 2017

Tao Te Ching - Lao-Tse (I)

11

Unimos los radios en una rueda,
pero es el agujero central
lo que permite que el carro se mueva.

Torneamos la arcilla para hacer una vasija,
pero es el vacío interno
lo que contiene aquello que vertemos en ella.

Hincamos estacas para construir una cabaña,
pero es el espacio interior
lo que la hace habitable.

Trabajamos con el ser,
pero es el no-ser lo que usamos.

12

Los colores ciegan el ojo.
Los sonidos ensordecen el oído.
Los sabores nublan el gusto.
Los pensamientos debilitan la mente.
Los deseos marchitan el corazón.

El maestro observa el mundo
pero confía en su visión interior.
Permite que las cosas vengan y vayan.
Su corazón permanece tan abierto como el cielo.

16

Vacía tu mente de todo pensamiento.
Que tu corazón esté en paz.
Observa la profusión de seres,
mas contempla su retorno al origen.

Cuanto ser separado mora en el universo
retorna a la fuente común.
Retornar a la fuente es serenidad.

Si no conoces la fuente,
tropiezas con la confusión y la pena.
Cuando conoces de dónde provienes,
de modo natural te vuelves tolerante,
desinteresado, divertido,
de corazón cálido como una abuela,
digno como un rey.
Inmerso en la maravilla del Tao
puedes afrontar cuanto la vida te brinda;
y cuando la muerte llega, estás dispuesto.

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